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(2) LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL LAGAR

 

 


 

Es muy conmovedor orar con alguien que verdaderamente tiene una relación íntima con Dios. Uno sabe que en verdad está en la presencia de Dios. Para el creyente, la oración de Jesús que tenemos en Juan 17 nos ofrece esta oportunidad, pero es aún más allá de la oración de cualquier persona. ¡Es la oración del Hijo de Dios con su Padre antes de ser entregado!

 

Mi propósito es que con este artículo nos enfoquemos tu y yo en la persona de Jesús, para comentar acerca de la oración intercesora que hizo el Señor delante de Dios el Padre. Por tal razón, observemos algunas facetas de la oración que Jesús hizo en el Monte de los Olivos, una intima conversación entre Él y su Padre Celestial. La hizo en lagar[i], la noche donde comenzó a ser “molido” por el sufrimiento previo del calvario (Lee la nota al final de este escrito). Ahora, busca en tu Biblia 17:1-5, comencemos con esta porción… dice así “Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” En esta oportunidad vemos que Jesús ora por sí mismo; Sabemos por las Escrituras que Jesús oraba mucho ¡Qué ejemplo para nosotros saber la importancia que nuestro Señor daba a la oración! Jesús pudo acercarse al Padre en oración debido a la relación de Padre a Hijo que existe entre ambos.

 

Comenzó su plegaria con la palabra “Padre” (Mt. 6:8) y la usó otras tres veces en el transcurso de ella (Jn.17:5, 21, 24) así como también “Padre Santo” y “Padre Justo”. Y continúa diciendo: “La hora ha llegado”. Era el momento propicio para el sacrificio de su vida. había llegado la hora de cumplir el plan divino de redención. Ya era la hora de la pasión y resurrección, lo que para Él significaba regresar a su lugar en la gloria. El proceso de glorificación se da por sentado, aunque todavía no era concreto. En este Evangelio muchas veces la cruz se relaciona con la gloria. A pesar de que la cruz era futura, también era segura.

Aquí, en este pasaje, podemos entender que era el momento en que:

¡   Jesús sería glorificado,

¡   Restaurado a su posición eterna,

¡   Los creyentes sean guardados del mundo, y del maligno.

¡   Los creyentes serían santificados,

¡   Aquí Él declaraba se daba la unidad del Cuerpo de Cristo,

¡   La credibilidad de toda la humanidad del nombre de Jesús,

¡   Y la palabra profética de que los creyentes estén con El en el cielo para contempla y compartir la Gloria de Cristo.

 

Además, Jesús en su oración pidió al Padre “Glorifica a tu Hijo”. Esta petición de glorificación era para que el Padre lo sostuviera en medio del sufrimiento, que aceptara su sacrificio, y que después lo resucitara y restaurara a su gloria en la eternidad. También el propósito de esta petición era que el Padre fuera glorificado por el Hijo, para qué: (1) La sabiduría, (2) El poder y (3) El amor de Dios pudiera ser exaltado a través de Jesús.

 

Pero fíjate aquí como dice en el v5 “Glorifícame tú en tu misma presencia, a tu lado, con la misma gloria que juntos tuvimos antes de la fundación del Mundo”. Jesús pide que su Padre lo glorifique en el proceso de su muerte y resurrección. Además ruega al Padre que lo restaure a su eterna gloria, la que dejo, de la que se despojó para venir a salvarte a ti y a mi, acompáñame ahora a Filipenses 2:5-8 allí dice: La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡LEE BIEN! ¡y muerte de cruz!  El era y es y seguirá por los siglos, siendo Dios Todopoderoso, a pesar de la muerte que le tocó sufrir.

   El oró pidiendo Su restauración, pero el sabía que tal cosa sucedería después de la cruz.

   Jesús caminó hacia Getsemaní, el lugar del lagar, el jardín del dolor, como sustituto por ti y por mí.

   Nosotros deberíamos haber estado allí, pasando por la agonía por nuestros pecados. Pero Él lo hizo por mi, siendo yo un vil pecador, Él se dio por mí y por ti.

   Y tú amigo que lees este artículo ahora, pasarás grande y eterna agonía por tus pecados, en el Infierno, a menos que te vuelvas a Cristo y lo abraces como tu Salvador.  Cuando confías en Cristo, tu agonía se vuelve Su agonía. Esto es la expiación vicaria, no hay otro vicario, no hay otro sustituto, no hay otro Cordero; Jesús es el Cordero de Dios inmolado, molido por causa del amor de Dios hacia nosotros los pecadores “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21).  No hay otra persona, Cristo Mismo, toma el dolor que tú deberías haber sentido. La expiación vicaria de Cristo por nuestros pecados comenzó en el Molino de Getsemaní. Jesús sabía que tenía que pasar por ese molino, así lo profetizó Isaías 53:5:  Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

 

Ahora te pregunto a ti hermano en Cristo ¿Qué harás con esto?  Continuaras igual, conformándote con una silla el día Domingo en una iglesia, escuchando un sermón… Con solo estar en un grupo pequeño cada semana, para recibir, recibir, recibir… Pensarás: “soy un buen cristiano, estoy lo suficientemente consagrado” ¡O al contrario!  ¡Despertarás! Para comprometerte, más y más.

 

Sigamos con la siguiente expresión de Jesús: He acabado la obra que me diste que hiciera, - he llevado a cabo la obra que me encomendaste” - La misión ha sido cumplida.  Él ha seguido el plan de Dios para que todas las personas puedan conocer la vida eterna (v. 3).

 

La oración de Jesús a favor de sí mismo, estaba basada en su obra terminada. “Yo te he glorificado”, lo que da por hecho su obediencia hasta la muerte. Pero ahora sigamos el curso de este capítulo y veamos que también… que Jesús ora por sus discípulos (17:6–19). “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.  Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”. Jesús enseñó a sus discípulos, y así ellos lo reconocieron, que la misión y la enseñanza de Cristo se originan en Dios.

 

Aquí se maneja una palabra que señala el tema central de este punto, dice el versículo 6: “los que me diste del mundo les he revelado quién eres” (NVI) y en Reina Valera se lee “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste” La palabra es manifestado o revelado ambas son sinónimos y acompañadas de la frase “tu nombre” expresan el pensamiento de Jesús en cuanto a la misión que tenía, “glorificar al Padre por medio de él, manifestando o dando a conocer la voluntad de Dios para la humanidad.” Ahora observa esto, en el v. 6 Jesús sugiere que los discípulos ya pertenecían al Padre antes de que Jesús los eligiera: “tuyos eran, y me los diste.” (RV60) o “Eran tuyos; tú me los diste” (NVI). Cuando Jesús llamó a estos hombres para que lo siguieran, ya Dios los había escogido para eso mismo antes de la fundación del mundo. Cuando Jesús enseño a estos hombres sobre “El Camino y la Vida Eterna” ya el Espíritu Santo de Dios les redargüía para que ellos se arrepintieran y declaran, como lo hicieron por boca de Pedro: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente” ¡ALELUYA! Nota que en el v.7, hay un énfasis sobre la observancia de las enseñanzas de Cristo por parte de los discípulos como una característica de haber sido escogidos, la palabra que usa en griego es εγνωκαν – egnokan y se traduce como que “ellos ya la dominaban.  El v. 7 tiene un léxico extraño (todo lo que me has dado procede de ti), pero subraya el propósito soberano de Dios, esto es que lo que Jesús decía y hacía, lo que tenía, procedía del Padre sin lugar a dudas.

1.     Palabra de Vida

2.     Palabra Profética,

3.     Sanidades,

4.     Señales,

5.     Milagros,

6.     Prodigios, pero sobre todo,

7.     AUTORIDAD.

 

En el versículo siete: “Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti” la palabra “conocido” en griego egnosan (εγνωκαν) procede de ginosco (γινώσκω) y es la que se usa cuando un hombre y una mujer casados se conocen en total intimidad. Como discípulos de Cristo que somos, ¿tenemos la misma certeza? ¿Confiamos en nuestro Salvador y Dios? ¿le creemos? ¿estamos y le conocemos íntimamente? O por el contrario, solo dejamos a Dios lo espiritual, y lo material de mi vida, lo moral de mi vida, lo social de mi vida, lo manejo yo y no Dios.

 

También aquí, en este punto, encontramos que Jesús en su oración pidió al Padre por dos cosas: (a) la preservación de los discípulos (“guárdalos”, v.11) y (b) su santificación (“santifícalos”, v.17). ¿Por qué y para qué?

¡   Porque pertenecen a Dios y a Jesús.

¡   Porque él va al Padre y los va a dejar con la tarea de continuar con la misión.

¡   Para que los cuide y los guarde del maligno.

¡   Para que los santifique en la verdad que Jesús ha demostrado y enseñado.

¡   Para que sean uno “así como nosotros lo somos” (v. 11).

¡   Para que tengan “mi gozo completo en sí mismos” (v. 13).

 

Jesús no pidió por el mundo, él pidió por aquellos que afectaría al mundo: El mundo no puede ser preservado en su rebelión o santificado en su incredulidad. Jesús hizo esta petición por sus discípulos debido a que Dios es dueño de ellos por creación y elección.

 

Las palabras de Jesús: todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, revelan para con el Padre: Su unidad, Su Intimidad, Su igualdad. Podemos establecer claramente de esta enseñanza de Cristo que una de sus características la oración intercesora en el día de hoy, es que debe ser enfocada en algo específico, con un propósito establecido y una fe sin lugar a dudas…

 

Hemos podido ver hasta aquí que, Jesús cerca de su gran agonía en el huerto de Getsemaní, ora por si mismo, ora por sus discípulos, y también que Jesús ora por los futuros creyentes (17:20–26) “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos”. Ahora Jesús mira al futuro y a todas aquellas personas que van a creer en Él por medio del fiel testimonio de sus discípulos. Parafraseado dice más o menos así: “Te pido que se mantengan unidos entre ellos, y que así como tú y yo estamos unidos, también ellos se mantengan unidos a nosotros. Así la gente de este mundo creerá que tú me enviaste”.  QUE SEAN UNA COSA, COMO JESÚS Y EL PADRE (v.21) Pero lee allí del versículo 20 al 23, en toda esta porción Jesús no hizo diferencia entre los que le habían oído personalmente y los que le han oído por medio de otros, entre, sus discípulos y los futuros discípulos de éstos y los creyentes en todo la historia, Él ora por la unidad a lo largo de toda la historia de Su iglesia, no es una denominación o grupo religioso como tal, es por Su iglesia, la iglesia invisible pero global de Cristo. Una vez más el modelo para la unidad es la relación entre el Padre y el Hijo, pues la base está en permanecer en el Padre y en el Hijo,  para que el propósito es evangelístico “para que el mundo crea que tu me enviaste.” La unidad de todos tiene como base la fe que conducirá a otros a creer, a tener fe en Jesús. La sugerencia es que la gloria de Cristo engendre unidad. Esta unidad no sólo debe ser completa, sino que debe mostrarse al mundo.  Si nos detenemos a pensar en el historial de desunión de la iglesia, fácilmente podemos ver cuán lejos hemos caído de los requerimientos de Jesús

 

Otra cosa que Cristo pide al Padre es que puedan estar con Él para ver su gloria (v. 24). Jesús desarrolló el tema de la gloria en el v.24, relacionándolo con el amor del Padre hacia él desde antes de la fundación del mundo, dice: “Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.”, esto es un eco del tema de la preexistencia de Jesús ya visto en el v. 5., pero también forman un clímax acertado para toda la oración.  

 

Y llegamos al final de esta divina intercesión, Jesús aquí pide a Dios que el amor que él ha conocido con el Padre sea una realidad en nuestras vidas, acompáñame leyendo en los vv. 25, 26 “Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos.” Al dirigirse a Dios como Padre justo, enfatiza la justicia de su visión del mundo.  Esto tiene que ver con el hecho de la unidad de la iglesia para mostrar Su gloria y además, la cosmovisión de la predicación de las buenas nuevas de Salvación “…para que el mundo crea…”. Que fuerte contraste entre el mundo y los discípulos, que estamos haciendo, la división no genera poder, solo muestra debilidad, cuando en la iglesia unos consideran hacer su vida de una manera y otros de otra, cuando no hay uniformidad en la doctrina, cuando estamos considerando algunas cosas de la palabra como texto que hoy no tiene validez, o cosas por el estilo, ¡NO HAY UNIDAD! Jesús está aquí para hacernos ver a ti y a mi, a todos, que a pesar de nuestras dudas, el amor y la perseverancia de los santos entre los santos y para con Dios es vital para solidificarnos y evitar cualquier división por causas de nuestros criterios. ¡RECUERDA ESTO QUERIDO LECTOR! Si tu y yo hemos creído y todo se conduce entre nosotros como Jesús lo expuso en su Oración Sacerdotal, es imposible la división, y es innegable la unidad. Para que el amor con que me has amado esté en ellos significa que ellos puedan reflejar el amor del Padre por medio de su amor a Jesús y a otros. De ese modo la oración termina con el pedido de que Cristo more en los creyentes.

 

Amigo lector ¿Cristo mora en ti? Si tu respuesta es no, hoy debes resolver ese problema, pues tu posición espiritual, moral y física se encuentra entre los que del mundo no han creído.

 

Jesús cerca de su gran agonía en el huerto de Getsemaní, ora por si mismo, ora por sus discípulos, y ora por los futuros creyentes.  La oración de Jesús es un ejemplo conmovedor de cómo debemos orar: por nosotros mismos, por nuestros hermanos, y por las personas quienes van a creer por nuestro testimonio. En toda la oración, Jesús pide que él y sus seguidores sean fieles a la misión que Dios les ha entregado, y que vivan y proclamen la verdad de su mensaje. Estos son aspectos esenciales del discipulado. Al meditar en el profundo mensaje de esta oración, tomemos unos momentos para expresarle nuestra gratitud a él por dejarnos ver, aún más profundamente, su mente y su corazón y por guiarnos a tomar las decisiones adecuadas como resultado de su oración.  Te invito a leer “EL DÍA DE LA RECONCILIACIÓNßHaz click

 



[i] El Lagar: Depósito donde se prensa la aceituna o se machaca para obtener el aceite. Es el lugar donde se realizan esas labores. "Había un lagar entre los olivares, en la montaña de la pasión del Señor"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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