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EL BUEN PASTOR SE HA COMPROMETIDO - Juan 10:1-18

 El Pacto de Dios para una vida generosa 

 

Juan 10:1-18 

De nuevo aquí, con ustedes, les saludo con amor, el amor abundante que Jesús nos ha dado y que nosotros debemos trasmitir.  Espero que cada uno de ustedes tenga una Biblia a mano para poder seguir este estudio.

 

El articulo que escribo hoy se titula “El Pacto de Dios para una vida generosa. La cita bíblica se encuentra en el evangelio de San Juan 10:1-18.

 

Juan presenta en la Biblia una historia muy particular que sucedió momentos -antes de que Jesús enseñara de si mismo como el Buen Pastor-, esta historia nos relata que Jesús sanó a un hombre que era ciego de nacimiento y lo hizo para demostrar la Gloria de Dios (Juan 9:1-31); esto sucedió en día de reposo y por lo tanto se ocasionó un alboroto por este hecho milagroso (cuando Jesús actúa en la vida de alguien haciendo alguna señal especial, desestabiliza la mente de la gente incrédula), el epicentro de este terremoto fue el milagro, el sitio del epicentro fue el ciego, la onda expansiva fue la gente, creyentes o no, y en este caso encontramos dos grupos, los discípulo y los fariseos. La historia concluye con giro irónico, que aquel, al cual Jesús abrió sus ojos fue sanado físicamente de su ceguera y, luego al encontrarse nuevamente con Jesús (v. 35-38), sus ojos espirituales fueron abiertos y creyó en el Salvador.

 Luego Jesús en el capítulo 10 habla por medio de metáforas, de ovejas y pastores, pero incluye algo muy singular, las ovejas son el ganado de los pastores y estos sus guías, pero hay un tercer elemento “la Puerta de las ovejas”, en total contraste con ladrones o bandidos.  Con estas alegorías o comparaciones, Jesús presenta un grupo que, aun cuando están persuadidos con la verdad, no están convencido de ellas; y un segundo grupo, representado en el ciego, que experimenta la verdad, es tocado por ella, y cree sin titubear; los primeros en nuestra historia, son los fariseos y los otros son los que creen al llamado de Cristo.

 Luego se presenta a si mismo como el pastor de ovejas, que vigila a sus ovejas tanto en la lluvia como en los días de sol. Él expone su vida para protegerlas. Jesús toma este ejemplo de su propio entorno, y compara su ministerio con el trabajo que hace un pastor bueno, en contraste con el trabajo del pastor malo al que él llama asalariado;

 En el capítulo 10:12-14, nos da características de un asalariado diciendo que tal:

¡  No es el pastor.

¡  No tiene relación con las ovejas.

¡  Huye frente al ataque del lobo o del ladrón.

¡  No le importan las ovejas.

 Y también nos presenta las cualidades del buen pastor en el mismo capítulo 10: versos 11, 14 y 15).

¡  Ama a sus ovejas.

¡  Las ovejas saben que su pastor las ama.

¡  Las lleva a lugares de reposo y las cuida durante todas las horas del día.

 Realmente a mi parecer, el patrón del Buen Pastor lo tiene Cristo nada mas, así que no creo que ninguno de los pastores terrenales (o sea nosotros) esté en el molde del celestial, nos queda muy grande, primero por nuestras imperfecciones y pecados, y en segundo lugar, porque no somos ni omnipresentes, ni omnipotentes, es más no somos nada de “omni” para poder estar pendiente de todas las ovejas que están bajo nuestra responsabilidad.  Pero si es bueno evaluarnos cada día con respecto a nuestra experiencia y el modelo, que es Jesús.

 Ahora, lo que voy a compartir contigo, querido lector o lectora, luego de este preámbulo introductorio es analizar porque nuestra salvación descansa en lugar seguro y el que nos guarda nos garantiza esa seguridad en una vida eterna y abundante; este es “El Pacto de Dios para una vida generosa” con Su pueblo, con sus ovejas.

 En primer lugar, Dios pacta con nosotros por que nos conoce, Él dice: conozco mis ovejas y las mías me conocen (versículos 14-16)

 “Yo soy el buen pastor; y conozco (griego: ginosko) mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil (griego: aules); aquellas también me conviene (griego: dei – es necesario – una necesidad divina) traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño (griego: poimne), y un pastor (griego: poimen).

 Yo soy el buen pastor; y conozco (ginosko) mis ovejas, y las mías me conocen (v. 14).  Tenemos en el versículo 11, que el buen pastor da su vida por las ovejas.  En versículo 14, que el buen pastor conoce (ginosko) las ovejas y las ovejas le conocen a él.  Ginosko es más que un conocimiento superficial – requiere experiencia – relación.  Tanto el Antiguo como en el nuevo Testamento la palabra “conoce” “ginosko” se refiera a un hombre que conoce a su esposa en el sentido de una profunda relación intima o sea que la pareja matrimonial se conoce hasta en intimidad sexual, una relación que significa más que un acto físico. 

 Cuando Jesús dice que el buen pastor conoce a las ovejas, no implica nada sexual, sin embargo: Jesús está hablando de una relación muy significante, pues somos, cada uno de los creyentes es una parte de su cuerpo que es Su iglesia, la cual es Su esposa… (Apo. 19:7)

 El pastor (Jesús) conoce las ovejas (la gente de Su iglesia) porque el “fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14).  “El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: Sin embargo, se anonadó se humilló á sí mismo (gr. es aplastarse), tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:6-8).  Jesús conoce a los suyos, porque ha vivido en nuestra piel y ha experimentado nuestras alegrías y tristezas.

 Jesús dice que conoce a los suyos y que los suyos le conocen a él “Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre” (v. 15a).  La unión de Padre e Hijo es un tema principal en este Evangelio:

 ─ “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (1:1).

 ─ Jesús les dice a los líderes judíos, “Yo y el Padre una cosa somos” (10:30).

 ─ Cuando los judíos rechazan a Jesús, les reta, “aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (10:38).

 ─ En su oración sacerdotal, en el capítulo 17 de Juan, Jesús ora por los discípulos, “Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste” (17:21).

En versículos 14-15a, Jesús nos hace pensar de una intimidad todo-inclusiva que comienza con su relación con el Padre y se extiende a los que el Padre le ha concedido (17:6) y a todos “los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (17:20).  Lo que Jesús describe, entonces, es una gran familia extendida que comienza con el Padre y, a través del amor del Hijo, y acoge a todo creyente.

 Voy a compartir contigo la experiencia de un pastor que tuvo en una pequeña iglesia rural cuando estudiaba en el seminario.  El cuenta que: “Un miembro maravilloso de esa congregación, una mujer llamada Matie, tenía hijos e hijas mayores que vivían cerca.  Era una familia unida que regularmente se reunía los domingos para comer en la casa de Matie.  Matie tenía una mesa grande que podía sentar a veinte personas, y pocas veces había un asiento vacío.  En aquel entonces yo no estaba casado, y Matie me adoptó en su familia.  A menudo me quedaba en su casa los sábados por la noche y comía con ellos los domingos por la tarde.  Fue una experiencia maravillosa que solo fue posible gracias a Matie – la gran persona que era.  Ese grande pero íntimo compañerismo nació de su gran corazón cariñoso.”  Así debe ser la iglesia, la familia extendida que crece de los corazones amorosos del Padre y el Hijo.

 Dios pacta con nosotros por que nos conoce y también, Dios pacta con nosotros porque ha puesto Su Vida por nosotros (versículo 15b)

 y pongo mi vida por las ovejas (v. 15b).  Jesús nos recuerda de nuevo que pone su vida por las ovejas, un tema que tomará de nuevo en versículo 17.

 Jesús habla de otras ovejas, que no están en el rebaño en ese momento; “También tengo otras ovejas que no son de este redil (aules); aquéllas también me conviene (dei) traer (v. 16a). Un redil es un corral o lugar cercado donde viven las ovejas cuando no están pastando. El redil provee seguridad y fomenta un sentimiento de comunidad.  Jesús dice que también traerá a estas ovejas, y que serán un rebaño, y un pastor. ¿Quiénes son estas otras ovejas? Jesús se refiere a gentiles.  Cuando Jesús dice, “tengo,” implica que estas ovejas ya le pertenecen, pero que aún tiene que traerlas al rebaño.  Debe hacerlo (griego: dei – es necesario que lo haga).  Hasta ese día Jesús estuvo con los “suyos” (Juan 1:11).  Eran los judíos solo los que lo habían escuchado, el les dice que hay otros y esos otros somos nosotros.

 y oirán mi voz (v. 16b).  Antes Jesús dijo, “y las ovejas le siguen (al pastor), porque conocen su voz” (v. 4).  Se cuenta de un niño, hijo de un pastor de ovejas en las afueras de Jerusalén, que su papá le había regalado cinco pequeños corderitos y que una noche de tormenta se escaparon del corral (redil) y se perdieron.  A la mañana siguiente el niño estaba muy triste al conocer la noticia y le pidió a su papá que le diera permiso para buscarlas; su padre le dijo que ya no se podía hacer nada, si los lobos no las mataron ellas se confundirán en uno de los tantos grandes rebaños del aquel lugar. Pero con la insistencia del niño, su padre le dio permiso.  En la búsqueda, este niño les pedía permiso a los pastores para ver en sus rebaños si sus ovejitas estaban allí.  Los pastores se reían en son de burla, pero niño, que CONOCÍA sus corderitos a lo lejos y no tenía necesidad de entrar en el rebaño, abandonaba su busque diciéndole al pastor: “no, aquí no están, yo no las veo” y se mofaban creyendo que el niño no sabía lo que estaba haciendo.  Después de una larga búsqueda, se detuvo en uno de los rebaños e hizo lo mismo y en esta oportunidad si vio sus ovejas, a las cinco, y le dijo al pastor que allí estaban, y este riéndose le respondió: “oye niño, tu estas loco, tengo más de 200 ovejas aquí y tu me dices que distingues las que son tuyas?  ¿te burlas de mi?, el niño le dice: no me burlo de usted y para demostrárselo vea esto:  y en ese instante llamó a cada una de las cinco ovejas por sus nombre y luego cantó y cada una de las cinco, salieron del rebaño de aquél pastor y le siguieron.

 

Esta historia, la escuché una vez y la he usado mucho para ilustrar lo que Jesús enseñó en este pasaje de la Biblia.  ¿Sigues tu a Jesús cuando Él te llama?, ¿tu escuchas su voz… tu le obedeces?

 Jesús concluye, y habrá un rebaño (poimne), y un pastor (poimen)” (v. 16c), sugiero que tachemos la “Y”, tal no está contenida en el pensamiento de Cristo, el dijo que “habrá un rebaño, un pastor” y esto quita a otro de tal competencia.  No hay ser humano en el mundo que pueda pastorear UNIVERSALMENTE las ovejas de Jesucristo, Su redil, sólo El lo conoce, a cada uno por nuestro nombre, a ti y a mi. Hoy, las barreras que nos separan seguramente son a causa de nuestra denominación, religión, jerarquías religiosas y políticas, nación, raza, educación, vocación, o finanzas.  Estas barreras no son apropiadas entre cristianos; la iglesia de Jesús no la serán ninguna de esas barreras, Él nos mantiene unidos por su poder, por su amor, por su sacrificio, por su resurrección y por que es el Rey de Reyes, es el Señor entre señores. 

Dios pacta con nosotros por que nos conoce y también, Dios pacta con nosotros porque ha puesto Su Vida por nosotros (versículo 15b). Dios pacta con nosotros y nos une a su redil…  Cristo nos llama para ser parte de “su rebaño y él y solo él, el pastor” (v. 16).

 Es bueno aclarar que el redil es el corral donde se guarda el rebaño, pero ambas se escriben y pronuncian igual en el griego “poimne”; asi también se usa “aules” para rebaño, pero no para redil, lo cual al leer en griego entendemos que Jesús habla de la iglesia, el pueblo de Dios.  Es posible que todos nosotros no estemos acorralados en un redil, pero todos somos Su rebaño.

 Ahora llegamos al “llegadero”, como dice un antiguo adagio.  Aquí encontramos el nervio central de esta parábola del buen pastor

 o    Con el pastor bueno, tenemos la mejor cobertura, su máxima protección. El pacto que Él ha hecho con nosotros nos garantiza que, en el momento oportuno, en el momento de crisis, él lucha para proteger a sus ovejas.

o    El buen pastor da su vida por las ovejas (10:11–15).  ¡No lo promete, Él lo asegura!, porque dio Su vida para tal cosa y con ello la Vida Eterna.   -   La muerte no puede triunfar sobre Él, no puede triunfar sobre su propósito o meta, porque Él nos da la vida v. 28-29 “Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.  Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre..”

o    Oye esto bien, Él nos da vida eterna, vida que no fenece, vida que no acaba, vida que no termina, nos garantiza que no pereceremos jamás…  leamos con detenimiento esta garantía que está en el versículo 29: “Nadie puede quitarlas de su mano. Él dijo: “Yo y el Padre uno somos” (10:30).

   El Buen Pastor ama a sus ovejas, las ovejas saben que su pastor las ama y

   El Buen Pastor lleva a sus ovejas a lugares de reposo y

   El Buen Pastor cuida a sus ovejas durante todas las horas del día.

o    Y las ovejas que hacen ¿nada? ¡PUES SI HACEN!,

   Las ovejas tienen una lealtad absoluta hacia su pastor.

   Las ovejas siguen a su pastor día y noche a cualquier parte y

o    El Buen Pastor les da vida en abundancia (10:9–11).   Por todo esto las ovejas tienen el gozo y la paz que da la presencia constante del pastor, y saber que si fuera necesario Él daría su vida por sus ovejas. En el momento oportuno, en el momento de crisis, Él lucha para proteger a sus ovejas, porque

o    El Buen Pastor da su vida por las ovejas (10:11–15). Nada mi nadie tiene poder para triunfar sobre Él y Su misión, v. 28.

o    Él les da vida eterna y no perecerán jamás.  

o    Nadie puede quitarlas de su mano. ¿Por qué? Él dijo: “Yo y el Padre uno somos” (10:30).

 Su protección, su garantía, su pacto se extiende aún más allá de la muerte. Cristo acompaña a los suyos por el valle de la muerte y los conduce a un mundo mucho más hermoso y feliz.

Pero existe un requisito para tener a Jesús como su Buen Pastor.

 Además de…

o    tener la confianza absoluta en Él. Debemos confiarle la vida, el alma y el cuerpo, y aceptar su dirección total como el buen pastor (Sal. 23).

o    reconocer que Él nos conoce mejor de lo que nosotros nos conocemos (2:24, 25).

o    dejar el egoísmo y aceptar su cuidado.

o    reconocer que su amor lo llevó a dejar la gloria del cielo, descender a esta tierra, llevar nuestra culpa y morir una muerte cruel y horrible, para que podamos obtener su perdón y pudiéramos gozar de vida nueva y abundante.

 Entonces ¿cómo lograrlo? 

La respuesta: Por medio de la fe, este es el único requisito para poder disfrutar de esta nueva vida.

 Debemos confiar en El y seguirlo. Él cuida de nosotros las 24 horas del día, los siete días de la semana. Y nos recibirá en el cielo cuando termine nuestra vida en este mundo. Jesús es el Buen Pastor; Él quiere ser tu Buen Pastor. Él quiere proveerte una relación de amor y cuidado constante. ¿aceptas Su llamado?

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